Archive for abril 15th, 2009
Las listas de morosos
Escrito 15/abr/2009 Por Miguel Lopez

En la actualidad es algo muy habitual conocer, por desgracia, de forma muy cercana algunas organizaciones cuya misión es la de elaborar listas de morosos para algunas entidades financieras y de ese modo tener un registro completo de aquellas personas de las que son fiables y de las que no.
Seguramente en muchas ocasiones cuando has ido a pedir un crédito, sea hipotecario o no, así como alguna operativa similar que comporte al banco la necesidad de comprobar tu estado actual de liquidez, una de las cosas que realizan es consultar las bases de datos de estas empresas para comprobar si por algún motivo constas en ellas como deudor de alguna otra cuantía.
Normalmente su uso es bastante interesante para las entidades financieras ya que en cierto modo están incapacitados para conocer muchos de tus datos fiscales por lo que estas listas les hacen de intermediario directo y perfecto para conocer la situación real hasta el punto de saber si estás adeudando otra cantidad, su cuantía, a quién se lo debes y en que términos más específicos.
Las listas de morosos por tanto son una recopilación realizada gracias a la aportación de datos por parte de las empresas a las que en caso de no pagarles una deuda acuden para dar a conocer al resto que tal o cual persona física es un moroso.
En definitiva podemos decir que el único motivo por el que nuestro nombre puede estar incluido en alguna de las listas de dichas empresas privadas es debido a que tengamos alguna deuda dineraria pendiente teniendo la titularidad plena de la misma y no habiendo hecho un uso lícito de otros bienes para responder por la misma.
La función por tanto fundamental de estas listas de morosos es contribuir al buen funcionamiento del sistema financiero, intentando obtener un saneamiento del mismo de forma continua así como una mejora de tráfico mercantil, con unos agentes financieros de calidad, gracias a tener a disposición de las entidades financieras que conforman el mercado actual un nivel de información suficiente y centralizada sobre los incumplimientos de pago de las personas particulares.
En España contamos principalmente con dos entidades privadas que son las que fundamentalmente tienen la confianza del sistema financiero para informar de los deudores:
-
RAI: ó Registro de Aceptaciones Impagadas el cual es gestionado de forma directa por una comisión de cooperación interbancaria. Las propias entidades financieras son sus dueñas y participan tanto bancos, como cajas de ahorros, entidades de crédito y algunos intermediarios de inversiones.
-
ASNEF: es la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito, que si bien, lo conforman casi todas las mismas personas jurídicas que la RAI siempre comporta algún dato más que ésta no.
Lo más habitual para una entidad financiera en vista de tener que comprobar la “fiabilidad” de alguno de nosotros es acudir a ambas, ya que en ocasiones una de las listas puede obtener datos que sean de ayuda o complemento a los de la otra lista. La diferencia por tanto real entre este tipo de organizaciones, es que dependiendo de la entidad con la que tengamos la deuda, esta te reportará como moroso a alguna de ellas en concreto o puede que hasta o las dos a la vez.
Normalmente el hecho de estar o entrar en algunas de las listas de morosos se debe, como decíamos anteriormente a que, cuando la entidad con la que tenemos suscrita alguna deuda observa que no hemos frente al pago de una letra o un préstamo, se realiza de forma casi automática la suscripción en dichos directorios. Es mucho más habitual de lo que parece engrosar estas listas, ya que aunque en ocasiones no son deudas reales, en cuanto no retrasemos en algún pago puede que ya nos inscriban en ellas.
Como usuarios de entidades financieras y crediticias lo que más nos interesa es saber si pertenecemos a alguna de estas listas de morosos; normalmente para ello tenemos que hacer una petición por escrito además de pagar una cuantía mínima prefijada por cada una de esas empresas. Además, en muchas ocasiones aunque hayamos terminado de pagar nuestra deuda no tiene por que haberse borrado nuestro nombre de estos directorios, por tanto es importante saber los métodos adecuados para verificar si estamos inscritos en alguna de ellas.
En muchas ocasiones también las entidades cuando consultan los datos sobre alguna persona en estas listas revisan de forma concreta lo que salga de ellas, ya que saben que en muchas ocasiones aunque haya deudas saldadas y hayamos pedido el “desaparecer” de esas lista podemos estar hasta un total de 30 meses aún inscritos en las mismas; además de que no es lo mismo simplemente habernos retrasado en una ocasión en un pago que adeudar una gran cantidad monetaria.
Aunque pueda parecer algo nimio la repercusión que puede tener para nosotros el hecho de estar en una de estas listas es bastante importante. Desde el punto de vista de las finanzas personales puede afectarnos de forma directa, ya que si estamos en alguna de ellas podemos vernos afectados mediante la falta de aceptación por parte de un banco a la hora de otorgarnos un crédito o un crédito hipotecario. Además, y aunque tampoco nos interese de forma tan directa, las personas jurídicas o empresas, también pueden estar inscritas como morosas en dichos registros.
Por último destacar que la forma de dejar de salir en este tipo de registros de morosos es, una vez habiendo hecho frente a las deudas pendientes, presentar ante dicha empresa el documento de que dicha deuda ha sido suscrita totalmente por escrito junto con un documento de identificación personal certificado. Recordamos que como hemos dicho antes, a pesar de haber completado esto puede que tarden en quitarnos hasta 30 meses de dichos directorios.
En definitiva deberíamos tener un conocimiento sobre este tipo de entidades privadas debido a que en caso de estar inscritas en ellas pueden afectarnos, de forma indefinida en el tiempo, más de lo que parece.
Miguel Lopez, editor de Pymes y Autónomos y El Blog Salmón
Imagen | ricardo.fdez
Leer todo...Ecofin
Escrito 15/abr/2009 Por Actibva
”’Ecofin”’ es la abreviatura del ”Economic and Financial Affairs Council”, es decir el consejo de asuntos económicos y financieros de la Unión Europea. En realidad se trata del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de los Estados miembros …
Leer todo...Gestión financiera para jóvenes
Escrito 15/abr/2009 Por equipoactibva

¿Cuándo se deja de ser joven? Si hay que guiarse por los patrones gubernamentales los 30 parece la barrera que separa la juventud de la adultez, ya que la mayoría de planes de ayuda para jóvenes se terminan a esa edad. Lo mismo ocurre en buena parte de las entidades financieras: en cuanto se alcanza la treintena se terminan las ventajas de la cuenta joven. En realidad, no existe una línea definida tras cumplir los 30. De hecho, sólo es una cifra, pero dentro de nuestro afán por clasificar las etapas de la vida siempre es más fácil escoger este tipo de fechas (lo mismo ocurre con los 40, 50 ó 60). En Actibva no vamos a ser menos y si en anteriores ocasiones elaboramos una guía de consejos económicos para treintañeros, ahora haremos lo propio para jóvenes (o lo que es lo mismo, veinteañeros).
En términos generales la juventud es el periodo en el que las personas empiezan a familiarizarse con la vida adulta y con gestión financiera. Es cuando se accede al primer puesto de trabajo y se empiezan a tener una serie de ingresos propios que permiten gozar de cierto grado de autonomía económica respecto a los padres, algo que se va acrecentando con el paso del tiempo. Como es lógico los primeros años suelen ser de aprendizaje y formación, no sólo en materia dineraria, sino también en el ámbito profesional y personal. La universidad y la formación superior en general distan mucho del colegio y el instituto, por no hablar del cambio en las relaciones sociales cuando se trata de trabajo.
Además, a esto hay que añadir las lógicas ganas por disfrutar de la vida ante la relativa falta de responsabilidades. Por eso mismo la veintena, y especialmente el primer tramo, suele ser un periodo caracterizado por el gasto y la falta de previsión, aunque no tiene por qué ser así. Incluso durante nuestra juventud se puede hacer una correcta gestión del dinero que siempre dará sus frutos a largo plazo.
-
El dinero no lo es todo en el trabajo: uno de los errores más comunes a la hora de elegir un primer trabajo que puede extenderse a los primeros movimientos en el mercado laboral es buscar el puesto mejor remunerado. Aunque suene tópico, estos primeros trabajos servirán para orientar tu carrera profesional y por eso hay que intentar enfocarlo con perspectiva. Es decir, saber ‘perder’ a corto plazo para ganar más a largo.
-
Camino hacia la independencia: aunque los jóvenes españoles se resisten a abandonar el hogar paterno (la crisis no ayuda en este sentido) la salida suele producirse al final de esta etapa, es decir, cerca de los 30. La comodidad y sobre todo el ahorro de costes suelen ser los principales argumentos para vivir en casa de los padres durante la juventud. Se trata de una buena opción siempre que realmente sirva para ahorrar, es decir, que no se convierta en una excusa para aumentar el dinero que se destina ocio y diversión.
-
Adquirir formación financiera: la entrada en el mundo laboral suele estar acompañada de multitud de preguntas (no sólo respecto a la orientación profesional). Es importante aprender a entender de dónde proviene nuestro suelo y sobre todo cómo se estructura el mismo. Es decir, conocer las partes de nuestra nómina, nuestras obligaciones fiscales. Esto es importante porque en un momento de la vida donde el dinero no suele sobrar se pueden ‘exprimir’ el sueldo por ejemplo a través de las retenciones de IRPF en caso de que después no estemos obligados a declarar. El mismo principio de aprendizaje debe aplicarse al resto de ámbitos de la vida hasta el momento desconocidos como por ejemplo en el alquiler de un inmueble o la compra de un coche.
-
Aprender a ahorrar: aunque suene paradójico, ahorrar es más sencillo cuanto mayores son las obligaciones financieras. Lo que ocurre es que el tener que hacer frente a ciertos pagos mensuales hace que seamos conscientes de la necesidad de contar con un capital remanente por lo que pueda ocurrir. Durante las primeras etapas de la juventud las obligaciones económicas no suelen ser demasiado grandes y esto hace que nuestra conciencia respecto al ahorro sea menor y por lo tanto que seamos más propensos al gasto. A esto hay que añadir, evidentemente, una mayor disponibilidad de tiempo libre y energía. Sin embargo, es importante aprender a ahorrar, aunque se empiece con pequeñas cantidades para fines concretos e inmediatos.
-
Elaborar un presupuesto: después de unos primeros años en los que el ahorro puede ser más o menos organizado hay que pasar a una fase de mayor control financiero y esto se logra a través de un presupuesto. En este punto hay que recordar que existen diferentes fórmulas para elaborar un presupuesto y que este debe siempre adaptarse a la forma de ser de cada ahorrador. El presupuesto será una herramienta clave para guiarnos en nuestro desarrollo financiero y servirá para que podamos ver exactamente cuáles son nuestras posibilidades de endeudamiento. Además, nos permitirá llegar a la siguiente etapa de nuestra vida en buena forma económica.
-
Aprender a invertir: se puede entender como una segunda fase de la formación financiera. No sólo se trata de conocer cómo se articulan nuestros gastos o ingresos, sino de ir un paso más allá y aprender a sacar partido al capital disponible. Esta es la única forma de alcanzar en algún momento la ansiada libertad financiera. Aunque casi todo el mundo piensa en bolsa cuando se habla de inversiones, no hay por qué acudir al parqué (aunque siempre es recomendable tener nociones acerca de su funcionamiento). Fondos de inversión, ETF, depósitos bancarios, bonos del estado… La variedad de opciones es enorme y por eso conviene familiarizarse con ellas. Además, es durante estas primeras etapas cuando más riesgos se pueden asumir y cuanto antes comience la inversión más rentabilidad se podrá obtener.
-
Planificar gastos futuros: a muchos jóvenes les puede parecer que todavía tienen años por delante hasta comprar una casa, casarse o formar una familia y así puede ser, pero cuanto más claras tengan sus prioridades en este sentido, menor será el coste de esos acontecimientos. Es decir, se puede empezar a ahorrar (e ir rentabilizando dicho ahorro) para comprar una casa o para casarse, de forma que después haya que pedir un crédito por un importe menor, con el consiguiente ahorro.
En el fondo se trata de introducir algunas pautas de comportamiento respecto al dinero que se mantendrán durante el resto de la vida para evitar sobreendeudarse o tener que acometer cambios en nuestras costumbres de consumo y gestión financiera más adelante, cuando seguramente el margen de maniobra sea menor.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto Sheldon Pax
Leer todo...