Luces y sombras de la Temporada Turística
Escrito 26/ago/2011 Por Tizo en La Banca siempre gana extraido de: ORIGINAL | Comentarios desactivados |
La próxima semana traerá consigo el cierre de la temporada alta del verano. Los primeros datos apuntan que se pueden haber superado las previsiones más optimistas, con un crecimiento del número de turistas de hasta un 9 por 100 anual. Durante el mes de agosto, sobre todo coincidiendo con el puente del día 15, muchos hoteles colgaron el cartel de completo, llegando a índices de ocupación del cien por cien en destinos costeros, por ejemplo en Levante. Teniendo en cuenta que el verano 2010 ya fue positivo, hay que valorar los datos de crecimiento como una buena noticia. Tanto más si se tiene en cuenta que el gasto de los visitantes supone una cierta compensación a la caída del consumo de los hogares españoles, conforme reflejan las cifras de Producto Interior Bruto (PIB) correspondientes al segundo trimestre del año. Sólo que el optimismo se matiza con una persistente duda: ¿hasta qué punto se podrá mantener este ritmo?
Sin duda, la principal dependencia de la evolución turística está en la marcha de la economía en los principales países emisores. Entre los foráneos, siguen destacando Reino Unido, Alemania y Francia, pero no cabe pasar por alto que una parte relevante de la actividad -capacidad- se sostiene dentro del propio mercado español. A lo largo del verano que declina se ha registrado un aumento de británicos, un retroceso de franceses y una moderada mejoría de españoles; éstos, en algunos casos, no terminan de animarse por una climatología poco propicia, particularmente en algunas zonas de la Península.
La marcha futura del turismo dependerá, por tanto, en gran medida de cómo evolucione la economía en los principales clientes de la oferta española. No hace falta decir que el retroceso en las tasas de crecimiento registrado el segundo trimestre en la mayoría y las crecientes dudas o temores de una nueva recesión global no son el mejor escenario para animar la decisión vacacional. No hay que descartar, por tanto, que la demanda pierda vigor en los próximos meses, ¿hasta que se aclare la situación?
Hay que tener también en cuenta que al una parte del incremento de la afluencia turística es fruto de los conflictos declarados en varios de los principales competidores del arco mediterráneo: principalmente, Túnez y Egipto. No es fácil vaticinar cuándo ésos y otros destinos recuperarán la estabilidad, pero lo previsible es que acabarán volviendo a ser alternativa a España como destino vacacional, con algunas ventajas en la correlación precio-calidad.
Todo sucede, además, en un contexto de mutación profunda del concepto vacacional, entre otras cosas tendiendo de forma acelerada a una segmentación casi personalizada. Fenómenos tan determinantes, aunque distintos, como las nuevas tecnologías o la consolidación del low cost están propiciando cambios cuya profundidad y alcance están todavía pendientes de calibrar. Un desafío añadido para la industria es afrontar esos cambios en la configuración de la demanda con la articulación de nuevas ofertas. La duda es si lo está haciendo, aprovechando la oportunidad que brinda la buena coyuntura, o se está limitando a reconstituir los erosionados márgenes... mientras pueda y dure.
Penden, pues, más incertidumbres que certezas sobre la deseable continuidad de la buena coyuntura que vive el sector turístico español. Vale la pena seguir recordando que representa alrededor del 10 por 100 del PIB, un porcentaje ligeramente superior de la ocupación, el componente más positivo de la balanza de pagos y en varias zonas algo muy próximo al monocultivo, en términos generales sin nada que lo pueda sustituir.
Sin duda, la principal dependencia de la evolución turística está en la marcha de la economía en los principales países emisores. Entre los foráneos, siguen destacando Reino Unido, Alemania y Francia, pero no cabe pasar por alto que una parte relevante de la actividad -capacidad- se sostiene dentro del propio mercado español. A lo largo del verano que declina se ha registrado un aumento de británicos, un retroceso de franceses y una moderada mejoría de españoles; éstos, en algunos casos, no terminan de animarse por una climatología poco propicia, particularmente en algunas zonas de la Península.
La marcha futura del turismo dependerá, por tanto, en gran medida de cómo evolucione la economía en los principales clientes de la oferta española. No hace falta decir que el retroceso en las tasas de crecimiento registrado el segundo trimestre en la mayoría y las crecientes dudas o temores de una nueva recesión global no son el mejor escenario para animar la decisión vacacional. No hay que descartar, por tanto, que la demanda pierda vigor en los próximos meses, ¿hasta que se aclare la situación?
Hay que tener también en cuenta que al una parte del incremento de la afluencia turística es fruto de los conflictos declarados en varios de los principales competidores del arco mediterráneo: principalmente, Túnez y Egipto. No es fácil vaticinar cuándo ésos y otros destinos recuperarán la estabilidad, pero lo previsible es que acabarán volviendo a ser alternativa a España como destino vacacional, con algunas ventajas en la correlación precio-calidad.
Todo sucede, además, en un contexto de mutación profunda del concepto vacacional, entre otras cosas tendiendo de forma acelerada a una segmentación casi personalizada. Fenómenos tan determinantes, aunque distintos, como las nuevas tecnologías o la consolidación del low cost están propiciando cambios cuya profundidad y alcance están todavía pendientes de calibrar. Un desafío añadido para la industria es afrontar esos cambios en la configuración de la demanda con la articulación de nuevas ofertas. La duda es si lo está haciendo, aprovechando la oportunidad que brinda la buena coyuntura, o se está limitando a reconstituir los erosionados márgenes... mientras pueda y dure.
Penden, pues, más incertidumbres que certezas sobre la deseable continuidad de la buena coyuntura que vive el sector turístico español. Vale la pena seguir recordando que representa alrededor del 10 por 100 del PIB, un porcentaje ligeramente superior de la ocupación, el componente más positivo de la balanza de pagos y en varias zonas algo muy próximo al monocultivo, en términos generales sin nada que lo pueda sustituir.
