Orgasmos en el ginecólogoEscrito el Sábado 19 diciembre 2009 a las 11:09, Leido 0 Veces |
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Un tribunal del condado de Worcester dirime estos días un caso ciertamente singular. Enfrenta a Angus Thomson y Bibi Giles: un ginecólogo y una de sus pacientes. Ella dice que el médico se le insinuó y llegó a provocarle dos orgasmos mientras le examinaba la entrepierna. Él lo niega y asegura que es justo al revés: que ella lo acosó con mensajes eróticos y llamadas acuciantes y lo llevó a los tribunales movida por el despecho y la desesperación. Será el jurado quién decida cuál de las dos versiones es cierta. Entretanto, el asunto ha suscitado cierta expectación en las páginas de los tabloides, que se solazan con el cruce de acusaciones entre el acusado y la presunta víctima. El caso descansa sobre un minucioso examen al que Thomson sometió a los genitales de la señora Giles. Tan minucioso que, según ella, no pudo evitar que le provocara sendos orgasmos sin querer y con la enfermera al otro lado de la habitación. "Me pareció que aquello estaba mal", ha confesado la paciente en el juicio, "pero yo no sabía cómo eran los exámenes de un ginecólogo después de una operación". Según el marido de Giles, ni él ni su esposa tomaron medidas entonces porque preferían lo malo conocido que lo bueno por conocer. En otras palabras, porque la enfermedad uterina de Bibi requería tratamiento y cambiar súbitamente de ginecólogo habría sido un engorro y un problema en su recuperación. Así, Giles dice que soportó miradas sucias y frases subidas de tono. La más fuerte, la que Thomson le espetó cuando le dijo que le dolían los puntos. "Eso es porque aún no has tenido sexo", le dijo, "si no lo tienes sufrirás una explosión". La defensa dice que es Giles quien cortejaba a Thomson y no al revés y presenta como prueba un mensaje de móvil en el que ella se muestra abiertamente insinuante con su médico. Una acusación que ella rebate diciendo que lo hacía en pos de sus servicios ginecológicos. |
Exonerado el ginecólogo: la paciente no dijo la verdad
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El enigma en torno a los orgasmos ginecológicos de Bibi Giles lo ha resuelto este viernes la intervención inesperada de un segundo médico: William Dowley, que se ha personado en la causa no tanto por corporativismo como por dejar en evidencia las mentiras de la paciente sobre su ginecólogo, Angus Thomson, al que había llevado a juicio acusándole de acoso sexual. Dowley conoce muy bien a Giles. No en vano fue su médico de cabecera entre 2002 y 2004 y resistió como pudo sus insinuaciones. Por él hemos sabido que le propuso que mantuvieran relaciones sexuales para paliar el vacío que había dejado en la cama su marido, al que castigaba con el látigo de la indiferencia desde que lo sorprendió en una flagrante infidelidad. La intervención in extermis de Dowley ha salvado milagrosamente al ginecólogo Thomson, al que su paciente había denunciado por acoso sexual. Alertada por la aparición en escena de Dowley, su paciente ha retirado fulminantemente la denuncia y ha desembolsado voluntariamente 30.000 libras por las costas del proceso. Una miseria si lo comparamos con el descrédito que se ha provocado a sí misma y que ha salpicado a su alrededor. Giles había acusado a Thomson de provocarle sendos orgasmos durante un examen de sus genitales. Según ella, involuntariamente y con la enfermera al otro lado de la habitación. "Me pareció que aquello estaba mal", dijo Giles en el juicio, "pero yo no sabía cómo eran los exámenes de un ginecólogo después de una operación". Según dijo su marido, ni él ni su esposa tomaron medidas entonces porque preferían lo malo conocido que lo bueno por conocer. En otras palabras, porque la enfermedad uterina de Bibi requería tratamiento y cambiar súbitamente de ginecólogo habría sido un engorro y un problema en su recuperación. Ahora sabemos que todo era mentira y que la señora Giles se cruzaba mensajes subidos de tono con su ginecólogo. Entre otros uno en el que le decía que tenía ganas de "probar su salchicha de carne" a la mayor brevedad. También sabemos de su ajetreada vida social, que incluía relaciones con varios presidentes de la Guyana y un turbulento pasado como esteticien. La víctima de esta historia es por supuesto el ginecólogo Thomson, esposo amantísimo y padre de tres hijos, que compareció ante la prensa para aclarar la realidad. "Los últimos tres años han sido una experiencia horrible. Siempre he intentado hacer mi trabajo con profesionalidad. Las acusaciones falsas de la señora Giles son las más serias que se le pueden hacer a un médico y han amenazado con aruinar mi carrera y mi reputación. Por eso estoy aliviado y contento de que se me haya exonerado y salga de esta con mi reputación intacta. Sólo espero que esta señora no vuelva a hacerle esto a ninguna otra persona". |
Ojo!, una cosa es una puta, y otra distinta una mala puta. De estas tenemos un buen caladero. :cook:
