Sindicatos ante la crisis de los sindicatos
La crítica del sindicalismo actual desde dentro de un sindicato:

La Nueva España - Diario Independiente de Asturias - Avilés - Sindicatos ante la crisis de los sindicatos

VICENTE ORDÓÑEZ
EX RESPONSABLE DE CC OO DE PESCA

Ante la situación de crisis que tenemos, estoy seguro de que este artículo estará considerado fuera de los controles que lo «políticamente correcto» recomienda. No obstante, como ex responsable en numerosas tareas representando a CC OO y actualmente en calidad de simple afiliado, no deseo callarme ante la deriva que, a mi entender, se está produciendo en las organizaciones mayoritarias, UGT y CC OO.

Tengo la impresión de que ya nos hemos convertido en unos sindicatos «excesivamente» burocratizados y politizados. De seguir así, también con un alto riesgo de convertirnos en organizaciones de tipo peronista que tan malos resultados produjeron al pueblo argentino. No hay que olvidar que este tipo de sindicalismo actuó como brazo ejecutor del Gobierno hasta llegar a su completa degradación como organizaciones sociales.

No seré yo quien niegue el gran papel que los sindicatos españoles jugaron para que nuestra democracia se consolidara. Ni tampoco el importante papel mediador para canalizar la reivindicación de los trabajadores. Lo que no puedo digerir es que nuevamente se nos quiera engañar utilizando un discurso que, por reiterado, ya sabemos lo que persigue: No incomodar excesivamente al Gobierno en sus horas bajas. Resulta más cómodo mirarlos de perfil, no vayamos a perder, si lo provocamos, los jugosos dineros que nos están concediendo en los últimos tiempos para tenernos «convenientemente cebados». Nunca olvidemos que estos dineros salen de los ciudadanos vía fondos públicos y, ante la coyuntura económica que estamos atravesando, merecería como mínimo una profunda reflexión.

Tampoco seré yo quien niegue el papel que en distintos períodos de la historia han jugado las organizaciones patronales en relación a restringir nuestras conquistas laborales, pero, cuando se quiere negar la realidad presente efectuando una manifestación como la del 12 de diciembre con el lema «que no se aprovechen de la crisis», utilizando para la lectura del manifiesto sindical a un humorista como Wyoming, que, debido a su trabajo, también es empresario, deberíamos de mirarnos al espejo. Preguntémonos si nuestras organizaciones más representativas no están jugando igualmente el papel, no ya como empresa, yo diría de unas grandes empresas. No es baladí su actividad en múltiples negocios que se extienden desde los servicios, a promotoras de viviendas, aseguradoras, etcétera.

En múltiples ocasiones los sindicatos se comportan de forma similar o incluso peor que aquellos a los que se pretende criminalizar como los causantes de la crisis. Sirva como ejemplo el gran desastre económico que les produjo a muchas familias la promotora de viviendas (PSV) vinculada a UGT y los dineros que salieron de las arcas públicas para remediar dicho desastre. O bien, la más que dudosa gestión de las cuantiosas sumas de dinero público empleadas para la formación de los trabajadores, donde se han encontrado pruebas de corrupción por el mal uso de dichos dineros. Estos hechos nos obligan a pensar que nuestros sindicatos también se aprovechan de las crisis. Pero no están solos, algunas empresas siguen las mismas pautas de conducta.

No considero apropiado que para lavarle la cara al Gobierno se tenga que criminalizar al mundo empresarial, cuando sabemos que un 80% está compuesto por autónomos así como, de pequeñas y medianas empresas donde una gran mayoría lo están pasando verdaderamente fatal. Sus consecuencias terminan afectando también a sus trabajadores. En cambio, poco se dice de la «ausencia de transparencia» sobre los millones de euros entregados al sector bancario.

Pienso que, de realizar una nueva manifestación en estos momentos de crisis, mejor la dirigiríamos hacia la corrupción que irrumpe con nuevos bríos en los partidos políticos e Instituciones Públicas, pensando que estas prácticas podrían salpicar, si no lo ha hecho ya, a las organizaciones sindicales. Lo más peligroso es que nos encontramos en su camino con un panorama de paulatina degradación de la propia justicia, uno de nuestros pilares constitucionales. Un cóctel muy corrosivo y peligroso para la democracia. ¿Acaso podemos pasar de puntillas ante estos hechos?

No podemos seguir vendiendo un discurso con medias verdades para ocultar nuestras propias debilidades. Deberíamos darnos cuenta de que es mucho más necesario e imprescindible, por una parte, invertir el funcionamiento de las administraciones públicas, desde el actual despilfarro, que en demasiadas ocasiones no es más que un disfraz para tapar la corrupción, hacia una gestión más eficaz y transparente de los recursos públicos. Y por otra, la asunción de que sin un cambio de mentalidad, de valores y comportamientos sociales, no será posible encontrar remedio a las sombrías perspectivas de futuro. Bajo estos supuestos, la política económica sí puede encontrar, no sin dificultades, un margen de actuación positiva para afrontar racionalmente la situación.

Deberíamos entender que no es lo mismo arriesgar el propio dinero para salvar una empresa, que hacerlo con los suministrados por la «la caja pública», y sobre todo sin esfuerzo. Es evidente que antes de la manifestación del 12 de diciembre el Gobierno estaba «ayudando» a los sindicatos mayoritarios con aportaciones importantes de dinero. ¿Cómo podemos los ciudadanos y afiliados a estas organizaciones interpretar este hecho?

Parece que se le ha cogido el gusto a «chupar de la teta pública» sin darnos cuenta de que, cuanto más chupamos, más adictos nos volvemos. Lo que está pasando actualmente lo considero un aprovechamiento descarado en plena crisis, ¿a quién deberíamos pedir responsabilidades? Creo que, si fuésemos justos, la manifestación mencionada debería haber servido para increpar por los mismos motivos que se esgrimieron a sus promotores UGT y CC OO.

Mi dilatada vida laboral así como las responsabilidades sindicales que he llevado, aunque me han dado malos momentos, reconozco que ha pesado más su lado positivo por haberme facilitado mi crecimiento personal. Me he esforzado y aún lo sigo haciendo para aprender de los errores cometidos. Por ello, en el ejercicio de mi libertad, no quiero ni deseo callarme ante la hipocresía que en el mundo sindical está imperando en estos tiempos. Me resulta muy duro creer que los sindicatos mayoritarios, que han convocado la manifestación anteriormente mencionada, no hayan sabido defender con más coraje que también existen «otros actores que se aprovechan de la crisis» con un mayor descaro, al tratarse de la gestión de los dineros públicos o, lo que es lo mismo, el dinero de nuestros impuestos. Por su culpa, nos están precipitando inexorablemente a la senda de la corrupción.

Si el Gobierno puede obrar como lo está haciendo, sin una reacción ciudadana suficiente -por ahora- se debe no sólo a que domina el aparato del Estado y una gran parte de los medios de comunicación, se debe también a que una gran masa de ciudadanos hemos sufrido una prolongada y frágil educación democrática. Han sido muchos años de corrupción intelectual, y por ello hemos visto crecer la España de la falsificación histórica, de la telebasura, del «botellón» y tantas cosas más, que es necesario decir ¡Basta!
 



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